A nadie que esté mínimamente informado se le escapa que la ciencia en España lleva años sufriendo recortes cada vez más drásticos —el último, una reducción presupuestaria de 600 millones de € y la previsión de cero (0) plazas de investigador para este año, a tenor de lo que parece una auténtica declaración de intenciones por parte del Gobierno entrante: la eliminación del ministerio de ciencia, en favor de una secretaría de estado dependiente del ministerio de economía.
La consecuencia inmediata de esta reducción es que muchos jóvenes con vocación científica se planteen seguir otro camino o exiliarse para hacer la tesis y desarrollar su carrera en el extranjero, a la espera de un futuro mejor que les permita, si es que para entonces quieren y les compensa la más que segura bajada salarial, volver a su país. Es el caso, entre otros muchos, de Mario Herrero, de stringers.es, que ante la falta de oportunidades en España, se plantea hacer las maletas y marcharse a EEUU.
Ya el gobierno anterior comenzó a cerrar el grifo de las plazas de investigador asociadas a las becas Ramón y Cajal, destinadas a investigadores brillantes de treinta y tantos / cuarenta y pocos, que ahora se ven abocados a un panorama desolador: en la calle, con su edad, y sin posibilidad de plaza alguna en nuestro país (en esencia, la única vía para investigar en España es a través de presupuestos públicos), pues no hay nada diseñado para ellos. No es que sea difícil continuar su carrera en España, es que es imposible. Como mucho, aspiran a contratos temporales precarios como colaboradores aquí o allá. Es eso, dejar la ciencia, o irse fuera. Sigue leyendo







Cuando compré el último libro del colaborador de Amazings Sergio L. Palacios y me planteé la posibilidad de escribir una reseña sobre él, no tenía ni la menor idea de que su autor se convertiría en motivo frecuente de mis pesadillas.





